Alcalinizarse con un cáncer

Dieta alcalina y cancer
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Mucha tinta corre sobre los tratamientos nutricionales en procesos de cáncer.

Uno de los temas ampliamente debatido y promocionado es el de la alcalinización.

¿Qué pensar de la dieta alcalinizante? ¿Qué beneficios nos puede traer? ¿Realmente es una terapia válida en caso de cáncer?

Aclaremos un poco primero este concepto de alcalinización.

Alcalinizar significa rebajar la acidez del cuerpo. Pero ¿de qué parte del cuerpo?

Cada uno de nuestros órganos tiene un Ph distinto. Nuestro estómago tiene un Ph extremadamente ácido, alrededor de 3,5 a 4,00, mientras en el intestino delgado, alcanza el Ph un valor de 8, gracias a la bilis y a los jugos pancreáticos, bicarbonato de sodio, entre otros.

Entonces, alcalinizar el cuerpo es un concepto demasiado generalista para ser válido.

No obstante, privilegiar una alimentación rica en minerales, nutrientes alcalinizantes, nos evitará recurrir a los mecanismos tampones para mantener el equilibrio del Ph en la sangre.

Nuestra sangre tiene un Ph ligeramente alcalino alrededor de 7,4 y muchos numeritos detrás que varian de persona a persona. Este Ph debe absolutamente ser constante.

Por eso, disponemos de medidores muy perfeccionados que van a poner en marcha la maquinaria en caso de perder este equilibrio.

Estos medidores actuan como tampones para corregir en el acto cualquier pérdida de “puntos” del Ph, tanto hacia la acidez como hacia la alcalinidad.

Si la dieta es excesivamente rica en proteínas, azúcar, productos refinados, los nutrientes que entraran en la torrente sanguínea serán ácidos. Enseguida, los mecanismos tampones se pondrán en marcha para compensar. Generarán procesos inflamatorios, que son como alertas que nos manda el organismo para aportar solución al problema. E irán a buscar los elementos alcalinizantes donde sea. Principalmente en el banco de minerales: los huesos.

Hay que tener en cuenta que un tratamiento oncológico genera mucho estrés, mucha acidez.

Por ello, siempre es interesante controlar el equilibrio ácido-básico. En los tratamientos quimios, se suele compensar la infusión del tratamiento con soluciones minerales (magnesio, potasio…).

Pero cuidar de su alimentación, aumentando la ingesta de verduras, es desde luego una protección suplementaria que refuerza el organismo y le ayuda a soportar el tratamiento.

 

Equilibrar su alimentación mientras se está con un tratamiento no es fácil. Entre las pocas ganas de cocinar, la falta de información, todo se hace cuesta arriba.

Por eso, ofrezco mis servicios de valoración nutricional, como punto de partida: saber como nos encontramos, para poder adaptar la dieta.

Diseño un menú personalizado cada semana, teniendo en cuenta las circunstancias personales (vivir sol@ y no saber cocinar no es lo mismo que tener un pareja que cocina divinamente). Y ofrezco la cercanía, la de poder contar con una respuesta rápida ante cualquier duda.

 

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