crítica desctructiva

La crítica destructiva

Mientras que  las críticas constructivas nos ayudan a conseguir nuestras metas y a reconocer y subsanar nuestros errores, las críticas destructivas, nos machacan y merman nuestra autoestima, nos hacen sentir culpables y carentes de valor. Este tipo de críticas pueden provenir de fuera, pero las hacemos nuestras a través de propio “crítico interno”: esa especie de juez que hace suyos todos los mensajes negativos que hemos recibido a lo largo de nuestra vida. Cuando yo era adolescente, era tan susceptible a este tipo de mensajes invalidantes, que caí en la trampa de querer contentar a todo el mundo, y trataba de ofrecer a los demás una imagen de mujer “perfecta”: sacar las mejores notas de todo el instituto, lucir estupenda, contentar a todos…. Anduve algún tiempo perdida, tratando de cubrir las expectativas ajenas, como los protagonistas de este cuentito:

Hace mucho tiempo o quizá ayer mismo, en un lugar lejano o puede que por aquí cerca, un abuelo y su nieto paseaban tranquilamente por un sendero, caminando junto a su borrico. Junto a ellos pasaron dos chiquillos, que al verlos comenzaron a reírse:
-Mira esos dos tontos, llevan un borrico y van andando, al menos podría subir el viejo, que ya
tiene una edad. 

El abuelo y su nieto se avergonzaron al escuchar a los chiquillos, y como no querían ser el blanco de las burlas, decidieron seguir el consejo, así que el abuelo subió al burro y su nieto caminó detrás.
Pasaron junto a unos campos, donde saludaron a unas mujeres que estaban segando trigo. Las mujeres respondieron al saludo, pero al alejarse escucharon a una de ellas decir:
¡Qué poca vergüenza! Ese viejo caradura montado en el burro mientras el pobre chiquillo va caminando.
El abuelo y el nieto enrojecieron como tomates maduros al oír las críticas de la segadora, así que decidieron intercambiar sus puestos. Esta vez el chico iría montado en el burro y el abuelo abajo, así nadie más les recriminaría. Al poco tiempo, pasaron junto a un anciano que estaba sentado a la sombra de una encina y que al verlos renegó con la cabeza musitando:

Hay que ver lo perezosos y desconsiderados que son los jóvenes hoy… ¡él tan a gusto, mientras el pobre abuelo va detrás renqueando…!
El abuelo y el nieto ya no sabían que hacer para no ser censurados, así que decidieron montarse los dos en el burro. Quizá así la gente dejaría de murmurar sobre ellos. Y así anduvieron un rato hasta que pasaron por allí un grupo de aldeanos y uno de ellos les espetó:

¡Oigan! ¿Acaso no ven que el pobre animal está exhausto y no puede cargar con los dos? ¡no sean sinvergüenzas y respeten al pobre burro!.  Ya no tenían otra posibilidad. Decidieron cargar al burro sobre sus hombros, pues estaban llegando a la aldea y no querían recibir más vituperios. Estaban entrando en la aldea cuando una multitud se arremolino en derredor suyo riendo a carcajadas y diciéndose unos a otros:
– ¡Mirad a esos dos, con un burro a cuestas!
– ¿Se habrán vuelto locos?
– ¡Jamás he visto cosa igual!

Pero esta fue la gota que colmó el vaso…Cuentan que esta vez el abuelo y el nieto al fin comprendieron que es imposible complacer a todos, y que si tratas de hacerlo serás llevado de un lado para otro, zarandeado y sin dirección. Además, estaban realmente hartos de ser censurados y criticados cuando solamente estaban paseando a su aire. Así que decidieron seguir su propio criterio, y hacer caso omiso de las maledicencias. Bajaron del burro y
atravesaron la aldea caminando junto al animal, confiados y alegres, siguiendo su propio camino.

¿Cómo reconocer la crítica destructiva? En primer lugar, provenga del exterior o de nosotros mismos, la crítica destructiva utiliza un tono severo y acusador. Otra de sus características es que su contenido siempre es negativo y parcial, es como un dedo que señala solo lo malo. Una característica fundamental de la crítica destructiva es el perfeccionismo y la exigencia. Sus palabras favoritas son: deberías… seguido de una exigencia incuestionable: deberías ser la/el mejor en tus estudios, no deberías enfadarte, deberías adelgazar… Otra de sus señas es la generalización excesiva, etiquetar globalmente a la persona, haciéndola sentir poco valiosa en su totalidad.
Habitualmente se sirve de la palabra eres …y a continuación añade un defecto, como si la persona solo fuera “eso”: eres gordo, fea, torpe, inútil…

Enfrentarnos a la crítica destructiva es un camino que puede ser largo. Si las críticas provienen del exterior se trata de aprender a ser asertivos y decirle a la persona   que nos estamos sintiendo mal por la manera en que se está dirigiendo a nosotros. Y si proviene de nuestro propio interior podemos intentar transformar al crítico interno en una voz cuidadora, cambiando los debería… por me gustaría…, y transformando las generalizaciones y las imposiciones por alternativas más flexibles y amables. Y recuerda, si el crítico insiste: ¡Mándale a paseo y sigue tu propio camino!