frutas, pescado, verduras en fondo negro con hielo

Hay que comer de todo

Hay que comer de todo, dicen…

 

Seguro que todos os acordáis de las sabias palabras de vuestras abuelas y madres: para estar sano, hay que comer de todo.

Las tendencias de dieta nos hacen descartar o precipitarnos sobre uno u otro producto, pero el lema sigue fuerte y resuena en muchas cabezas todavía.

Lo bromatología trae agua al molino o frena el tren, según las circunstancias. La industria agroalimentaria no se hace esperar, en cuanto haya una sustancia milagrosa descubierta, la usa y abusa en sus productos, aunque compita con el alimento. Anuncios de todo tipo aseguran la vida eterna a quien consume el omega tres en leche, la coQ10 en crema de día, el calcio en galletas y chocolate. ¿Esto se puede calificar comer de todo?

¿Qué variedad de alimentación pensamos tener realmente?

Para acercarnos a nuestro verdadero consumo alimenticio, miremos al supermercado.

Las grandes superficies obviamente – y parece tonto lo que voy a escribir, pero es así – venden lo que se compra.

Vámonos al supermercado pues y démonos la vuelta:

Las galerías que menos género tienen son las de frutas y verduras. En general, encuentras los productos más usados, como patatas, cebollas, manzanas en todas épocas, naranjas en todas épocas. El brócoli que se ha puesto de moda también está siempre presente, el ajo, claro, ¡estamos donde estamos!

Miremos ahora las galerías de productos a base de cereales y harinas: dos o tres galerías completas, con surtido de marcas distintas, colores y sabores variados. Desde los panes hasta galletas, picos de pan para picar, galletas.

Otro sector de importancia: los dulces: chocolates, repostería, bebidas gaseosas. El azúcar está en todas partes, incluso donde no se lo esperaba, como en las conservas.

Para simplificarnos la vida, tenemos integrada la carnicería con un surtido de viandas bestial.

Si el supermercado es grande, tendremos pescadería. Se ha puesto de moda el pescado.

Pero ¿Cuántas estanterías hay de legumbres? ¿Por qué no encontramos más de una variedad de zanahorias o de puerros? ¿Ha buscado nabos, colinabos y apio-nabos? ¿Tupinambo (No, no es el nombre de un enano de jardín)

Así es nuestro concepto del comer de todo. Pero este concepto no ha sido siempre así.  En un tiempo muy remoto, tus tatarabuelos andaban por el planeta, con un palo y un par de conchas para hacer bonito, por único bagaje. Se sustentaban de lo que encontraban por el camino; la naturaleza les daba todo, pero no en todos momentos. Solo cuando les hacía falta. ¿Fresas en invierno? ¿Espárragos de Perú? No.

Hoy los vamos a seguir, a escondidas. El día es de otoño; son una panda de diez o quince humanos. De repente, un árbol repleto de manzanas. ¡Arriba!, el desayuno está listo. Trepan como chimpancés, se ha quedado el gesto en su memoria. Se espabilan, no son los únicos a quienes les gustan las manzanas. Struggle for life, lucha por la vida. No hay tiempo de recolectar, de todos modos, tampoco tienen bolsa para almacenar. Pero no tienen miedo. Mañana habrá otra cosa, igual de rica. Ayer el mayor consiguió matar un par de liebres, ha sido un festín. Hoy no saben si van a encontrar otro tesoro igual. Pero siguen sin miedo. Una de las mujeres ha escarbado y encontrado unas cebollas salvajes. Y uno de los niños ha cogido unas setas. Serán para cuando descansen.

La historia nos cuenta poco de ellos, pero sus restos nos hablan mucho. Cuerpos fuertes, musculatura dura, huesos y articulaciones a toda prueba. Su alimentación es pobre en cantidad, pero rica en diversidad. Muy rica en minerales, por eso tienen esos cuerpos…Alimentos primarios, de temporada, nada de Perú o Ecuador por aquí. Las manzanas cuando las hay, setas y frutos secos, que es lo que toca hoy.

Hemos conquistado el mundo desde entonces, hemos salido de nuestro cajón en la cadena vital, nos hemos hecho “dueños del mundo”. Hemos crecido en número y para abastecer a todos nuestros congéneres, hemos domesticado la naturaleza. Como somos inteligentes, hemos controlado las reproducciones, acelerado las producciones. Con tecnología muy avanzada, que nos ha adelantado. Hoy, si compras queso, no es absolutamente cierto que solo sea queso, que no lleve hormonas sintéticas, mohos artificiales. Carnes y embutidos están repletos de sustancias xenobióticas, una manzana está modificada genéticamente para que sea más dulce y gorda.

Los hay que dicen que podemos adaptarnos. Que hay que acostumbrar el cuerpo a todas esas sustancias para que se haga fuerte. Es una teoría.

Si miro nuestro capital genético y lo comparo con nuestros antepasados, veo que no hay prácticamente ninguna diferencia evolutiva. Esto significa que nuestra capacidad para adaptarnos es reducida. En la duda, yo sigo proponiendo a mis clientes que opten por alimentos limpios, de cultivo ecológico, que intenten poner orden en su dieta.

Y recolocando el concepto del comer de todo en nuestros tiempos, sería algo como comer lo que hay de temporada y de proximidad, biológico siendo una prioridad. Comer poco y olvidarse de la comida de vez en cuando.