La magia de la vida: intestino bacterias cerebro y emociones

LA MAGIA DE LA VIDA: INTESTINO, BACTERIAS, CEREBRO Y EMOCIONES

La magia de la vida

Antes de hablarte de las bacterias, el cerebro o las emociones déjame hacer un inciso. Siempre me ha asombrado la magia de la vida. ¿Sabias que dentro de tu cuerpo hay aproximadamente 30 millones de millones de células? Si. Has oído bien 30 millones de millones. Hay más células en tu cuerpo que estrellas en la galaxia. Y en cada una de ellas, en el interior del núcleo, en el corazón celular, se encuentra el auténtico libro de la vida. En la molécula de ADN. Si, has vuelto a oír bien, molécula de ADN. Es decir, las instrucciones que nos hacen ser quienes somos a cada momento, desde el color de nuestros ojos, hasta nuestro deseo sexual, se dictan a nivel atómico ¿no es asombroso? A mi me parece magia.

Pongamos un ejemplo que afecta a nuestra percepción del mundo, ese que “aparentemente” está “ahí fuera”. En las células de nuestras retinas hay unas proteínas llamadas oxinas, que nos permiten ver los colores rojo verde y azul, así como sus combinaciones y matices. Las instrucciones para fabricar estas proteínas están codificadas por tres genes que se encuentran en el cromosoma X, uno de los cromosomas llamados sexuales.

Algunas especies de aves y reptiles tienen 4 de estos genes por lo que son capaces de tener una visión tetracromática. Podrían por ejemplo ver colores en el espectro ultravioleta. Viven literalmente en otro mundo, desde luego en lo que a visión del color se refiere ¿Cómo será la visión tetracromática? No hay manera humana de saberlo. Es literalmente inimaginable. Salgamos del pedestal. No somos los reyes de la creación. Somos una más de las múltiples formas en que la vida se recrea a sí misma.

Eres un mundo para las bacterias de tu intestino

Quizá no lo sepas, pero eres el hogar de millones de bacterias. Más que hogar eres el mundo para ellas. En tu cuerpo hay unos 39 billones de bacterias, de unas 40.000 especies distintas, que vienen a vivir a nosotros procedentes del “mundo exterior”, por ejemplo, de los alimentos.

La inmensa mayoría están en tu intestino, un lugar calentito y agradable para estar. En cada milímetro cúbico de tu intestino hay bacterias en mayor cantidad que personas han habitado en la tierra hasta el momento.  Están haciendo lo suyo, sus cosas de bacterias. Pero ya de paso nos ayudan a la digestión, nos permiten absorber determinados nutrientes, descomponen los alimentos, estimulan el sistema inmune, nos protegen de patógenos o sintetizan vitaminas. Y todo discretamente. Sin que te enteres.

Todo esta interconectado: bacterias, intestino, cerebro y emociones

Puede que estés pensando: muy bien, muy interesante. Pero a mí las bacterias ni me van ni me vienen, las bacterias no pagan mi hipoteca ni me influyen en nada tangible. Pues te equivocas. La magia de la vida conecta tus bacterias con tu intestino con tu cerebro y con tus emociones. Ya sabes que el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar un huracán en Nueva York.

No desestimes a las bacterias solo porque son pequeñas. Tampoco subestimes a tu humilde intestino. En tu intestino, en otras partes de tu sistema digestivo hay 200 millones de neuronas que forman parte de sistema nervioso entérico, también llamado segundo cerebro.

El sistema nervioso entérico es una subdivisión del sistema nerviosos autónomo capaz de actuar independientemente para realizar las funciones digestivas, pero que además tiene una relación estrecha con el cerebro a través del nervio vago y que también se vincula con el sistema inmune.  La flora intestinal puede producir o estimular la producción de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina o el GABA. Concretamente un 90% o más de la serotonina que produce tu cuerpo se produce en el intestino.

La serotonina es un neurotransmisor que regula entre otras cosas tu estado de ánimo. Por ejemplo, el microbiólogo Jeroen Raes, ha examinado la flora intestinal de una muestra de 1054 personas y ha descubierto que los participantes diagnosticados con depresión, independientemente de si estaban en tratamiento con antidepresivos o no, tenían un número significativamente reducido de dos familias de bacterias en sus intestinos. Desde el lado opuesto pacientes con síndrome de colón irritable presentan síntomas de tipo emocional como ansiedad, tristeza, fatiga o trastornos de sueño.

Otros investigadores han encontrado que la microbiota intestinal podría tener un papel en la génesis o evolución de algunas enfermedades neurodegenerativas como el parkinson fundamentalmente a través de su mediación con el sistema inmunológico. ¿Significa esto que las bacterias de nuestro intestino provocan depresión o parkinson? No. No seamos simplistas. Significa que la vida es tan misteriosa y grande que hay correlatos entre nuestros estados emocionales y nuestra flora bacteriana, de manera que los cambios en alguno de estos dominios tan diferentes afectan al otro dominio.

Ya lo dice el lenguaje popular: “no lo puedo tragar” “se me hace un nudo en el estómago”… Desde luego las bacterias de tu intestino no pagarán tu hipoteca. Pero puede que afecten a tu estado emocional o que tu estado emocional les afecte a ellas.  No estoy hablando de reducir nuestro mundo emocional a lo biológico. No estoy hablando de que uno de los ámbitos se explique a través del otro. Estoy hablando de interconexión, de interrelación. La vida es mucho más misteriosa o intrincada de que podría parecer si la dividimos en compartimentos estancos.