Coaching nutricional para tratar enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares y el coach nutricional

Cuando un@ padece problemas de corazón, sea por hipertensión o porque ya haya tenido un accidente cardio-vascular, raras veces se percata de que vigilar su alimentación va más allá de no tomar sal y evitar las grasas. En la consulta, son las medidas que le han recomendado, así como una serie de medicamentos que controlaran la tensión, el colesterol y demás parámetros, en función de su analítica.

Pero un cuerpo es un todo, indivisible, y vais a entender lo que quiero decir con esto: si las arterias o el corazón sufren, no es porque uno esté «mal hecho», y que estos fallos se deben a su genética, sino porque una multitud de factores se han torcido en su vida y han hecho saltar las alarmas.

Estudios y observaciones

Son muchos los estudios que nos hablan de los riesgos cardiovasculares relacionados con los patrones de alimentación. Menos estudios se conocen que demuestran que la dieta puede cambiar las cosas. Todos conocemos gente que ha cambiado su forma de vivir y se ha recuperado.

Por citar solamente uno, mi cuñado que tuvo infarto y se recuperó cambiando drásticamente sus hábitos. Ya no tiene pastillas, se hace su recorrido diario andando o corriendo, come sano y sabroso y vive su vida en grande. Y si él puede, todo el mundo lo puede.

La hipertensión, el colesterol, la angina de pecho no son cosas irreversibles. Esto es lo que hay que entender.

«Una dieta y un estilo de vida saludables son las mejores armas para luchar contra la enfermedad cardiovascular».

American Heart Association

Una vez diagnosticada la hipertensión, una vez recetada la medicina contra el colesterol, parece que no hay ya marcha atrás. Es cierto que cualquiera se puede sentir indefenso frente a estas amenazas.

Pero de la misma manera que no aceptamos el veredicto del taller que nos condena el coche y buscamos otro taller, debemos buscar otra vía para «reparar» nuestra «maquinaria interna».

El papel del Coaching Nutricional en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares

¿Qué es eso de Coach? La palabra inglesa suena bien, pero no es ni más que menos un termino que significa guía. Suena mejor en inglés, ¿verdad?

¿Y por qué necesitamos un coach para cambiar estas costumbres que nos han llevado hasta aquí?

Honestamente hablando, cambiar estas costumbres implica pasar por una marejada de emociones y situaciones con las que a veces no sabemos lidiar. No sabemos por donde empezar. («A ver, ya me voy a quitar la sal… Puah, que horror la comida así, qué insípida». Hasta que me acostumbre…)

Con el coach nutricional, los cambios se «negocian», se hacen de poco a poco, se valoran las analíticas y se definen las prioridades. Quizás la prioridad no sea quitarse la sal, sino beber más agua. Por no citar más. Y toda la vida comiendo un alimento, que nos lo quiten, eso es muy duro. El truco radica en el acompañamiento. En las ideas que el ángel de la guardia, disfrazado de coach nutricional, nos dará para superar estas resistencias.

Una herramienta para ayudar a los pacientes a ganar conocimientos, habilidades, herramientas y confianza para volverse participantes activos en su cuidado, a fin de que puedan alcanzar sus metas de salud, identificadas por ellos mismos«

Estudio realizado por Bennett et al.

¿Para Quién es el coaching nutricional?

De entrada, cualquier persona puede necesitar un coach en un momento de su vida. Un nutricionista conoce las virtudes y los vicios de los alimentos. Puede jugar con ellos, equilibrarlos para satisfacer el objetivo de sus pacientes.

Pero cuando hay una dolencia, una inflamación de primer grado, como es el «exceso de colesterol» o la hipertensión, la visita al nutricionista es una garantía de éxito.

Paciente con enfermedades cardiovasculares

En pacientes que ya han padecido un accidente cardiovascular, la alimentación adecuada es esencial para mejorar su pronóstico y evitar recaídas o complicaciones. 

Claro está, la medicina proporciona incontables soluciones frente al daño cardiaco: estents, bypass, pacemaker, pastillas. No faltan. Pero nuestra implicación personal para conservar nuestro cuerpo lo mejor posible será siempre la mejor solución.

Ya hemos visto el médico. Ya tenemos las recetas en la mano. Nos queda dar la vuelta a la manzana y entrar a ver la nutricionista. Contarla nuestra historia clínica. Diseñar con ella un plan alimentario razonable y alcanzable, con pautas claras y objetivos. Como en la construcción de nuestra casa.

Quien habla de alimentación no puede hablarlo sin asociar el movimiento. Aquí también la nutricionista tiene su función. Nos animará a movernos según nuestras habilidades y costumbres.

Una enfermedad cardiovascular no es una condena a vivir tristemente sin el sal de la vida, sino una invitación a revivirla de otra manera.

“Una locura es hacer siempre lo mismo esperando resultados distintos”

A. Einstein

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