Pensamientos indigestos

Pensamientos Indigestos II

En un post anterior te contaba cómo algunas maneras de pensar te llevan a que te sientas mal (culpable, triste, inadecuada/o…) ya que te los crees. Es lo que estoy llamando pensamientos “indigestos”. Por supuesto lo contrario también es cierto. Los sentimientos también influyen en los pensamientos. Cuando te sientes mal, tus pensamientos no son “la alegría de la huerta”. Pero no se trata aquí de ver que fue antes, la gallina o el huevo, los pensamientos o los sentimientos, de hecho ¿para qué dividir y ponerlo todo en cajones compartimentados? Tu eres tus pensamientos y tus sentimientos. Van de la mano y se mezclan. Pero hoy vamos a hablar de lo que piensas y como te hace sentir, sin obviar que lo que sientes es lo que sientes y que no lo puedes evitar y que la cosa no es tan simple ¿Verdad?…

Bien, vamos a continuar con “la lista” de pensamientos indigestos. Además de los que vimos en el post anterior, te puedes reconocer en alguno de éstos que te señalo a continuación (dependiendo del momento, todos nosotros, como seres humanos que somos, nos podemos reconocer en estas maneras de pensar). Como ya dijimos, tomar conciencia de ellos es el primer paso antes de empezar a desafiarlos por mentirosos y boicoteadores.

  1. Exigencias imposibles. Consiste en ponerte condiciones demasiado exigentes e imposibles de cumplir: “tengo que comer lo menos que pueda, solo así conseguiré adelgazar” “tengo que sacar mejores notas que nadie” “tengo que ser el/la mejor” “no tendría que cometer errores” “tengo que gustarle a todo el mundo”. A ver. Es imposible no equivocarse, gustar a todo el mundo, ser el/la “mejor” en todo. Somos humanos. Piénsalo. ¿Conoces a alguien que no se equivoque nunca? Es más. Equivocarse es aprender y aprender es equivocarse. Si nunca te has caído ¿Cómo vas a aprender a andar?
  2. Catastrofismo: temer siempre que suceda lo peor, o quedarse enganchado/a en lo malo. “me ha salido fatal el examen. Soy un desastre”. Nada. Te has puesto las gafas negras y ya lo ves todo negro. Pongamos que te ha salido fatal el examen, que te han echado del trabajo, que te ha dejado tu novia…lo que sea. Bien. Vale. Es penoso. Pero eso no te condena a ser infeliz el resto de tu vida ni significa que seas una persona horrible y que no tengas arreglo. Pensar así no solo no te ayuda, sino que te hace sentir peor. La realidad es la que es, pero si te quedas “enganchado en la catástrofe”, no tendrás energía para buscar soluciones.
  3. Exagerar: creer que algo que ha sucedido una vez (o incluso más de una) tendrá consecuencias universales y trágicas. Te has puesto nerviosa en una entrevista de trabajo y nunca conseguirás trabajar. O has perdido los papeles en una discusión con tu novio y no te va a volver a hablar en la vida. Te ha salido algo mal y tu mente dice “no hago nada bien”. Yo llamo a la exagerada que hay en mí “Antoñita la dramática”. Suelo decirle: venga Antoñita, que no es para tanto, mujer. La vida sigue, el sol sigue luciendo en el cielo y el universo sigue más o menos su curso. Relativiza.
  4. Sentimientos mentirosos: Es el error de convertir un sentimiento personal en una verdad universal. Confundir lo que uno siente con que uno es: creer que si te sientes inútil e incapaz…es porque eres inútil e incapaz…A ver. Aquí pasa una cosa. Lo que sentimos lo sentimos indudablemente. Los que tú sientes, lo sientes de “verdad”. Claro que sí. Pero ojo, que tú sientas un sentimiento como real no significa que “esté basado en hechos reales”. Los sentimientos no caen del cielo. Son construidos. Tienen que ver con cómo interpretas la realidad, con las cosas que has vivido…Y todo eso no es una verdad universal. Es una verdad, pero relativa. Es tu verdad en un momento dado y con unas circunstancias dadas. Puede cambiar. Puedes empezar a contarte otras historias, a ver las cosas desde otros puntos de vista y sí, a sentirte de otro modo.

En este post he tratado de darte algunas pistas de por dónde van los pensamientos indigestos. Por supuesto, por el hecho de conocerlos no significa que ya vayan a cambiar de la noche a la mañana. No es tan sencillo. Pero puede ser un primer paso hacia un futuro donde no tengan tanto poder sobre ti. Un primer paso para descubrir que muchas de las cosas que te dices, son solo palabrería. Ruido mental. Nubes de humo insignificantes. Que solo tienen poder porque tú se lo das.