Perder peso es ganar vida

¿Perder peso es solamente perder peso?

¿Perder peso es solamente perder peso? No. Perder peso es ganar vida. Las consecuencias del sobrepeso no se ven solamente a nivel de la cintura. Todo exceso tiene su repercusión en el cuerpo, en sus rincones más íntimos. Cada acto repercute en la más remota de nuestras células. Da vértigo, si, Pero ya es hora de aprender a pensar con profundidad y no solo en términos de imagen.

Cuando como alimentos que me «engordan», no solo me engordan. Dañan mis células, falsean los mensajes hormonales, provocan inflamación en mi cuerpo. 

De hecho, el sobrepeso es en sí una inflamación.

El exceso de comida genera la creación de reservas de grasa, esta grasa está constituida de células que se llaman adipocitos. Estos adipocitos, como células, interactúan con las otras células.

Los adipocitos como hemos dicho antes, generan un mensaje importante: la leptina, una hormona que indica al cerebro que estamos satisfechos y que podemos parar de comer. Pero cuando hay exceso de grasa, por un motivo complejo, la señal de la saciedad no funciona y seguimos comiendo, desarreglando aún más el delicado equilibrio de nuestro organismo. Este es el primer problema. 

Los adipocitos generan un mensajero químico: las adipocinas. Regulan el metabolismo de los carbohidratos o glúcidos y de las grasas o lípidos. Estas adipocinas también interactúan, lógicamente, con la insulina. El exceso de adipocitos genera una hormona llamada resistina. Esta hormona nos hará resistente a la insulina. Como veis, es una etapa importante para llegar a la diabetes. Segundo problema pues. 

El tejido graso es mal conductor,  que provoca que la circulación sanguínea no fluya fácilmente. Las células generarán mensajes de inflamación de bajo grado, de forma continua. Empezaremos a tener problemas circulatorios también. Tercer problema.

Entonces, perder peso no es solamente perder peso. 

¡Perder peso es ganar salud! Recuperar el equilibrio de las señales hormonales, controlar el crecimiento de los adipocitos, activar la circulación sanguínea, aportando más oxígeno al cuerpo.

Por fuera, se nota con la bajada de peso. Pero quien se fija y escucha los sutiles mensajes de su cuerpo lo notará: mejor fluidez articular, mejor control de las ingestas, más vitalidad. Y como cuerpo y mente son uno, más alegría en la vida. 

¿Por donde empezamos?

  1. Aumentamos el agua. 35 cl por kilo de peso. Y apuntar cada vez que tomamos un vaso de agua ayuda a darse cuenta de la cantidad real que bebemos. 
  2. Aumentamos el movimiento. Todos los días, ejercicio, aunque sea en casa, delante del sofa. No hace falta mucho para moverse: una música marchosa que nos gusta, unas botellitas de agua como pesos, y a bailar!
  3. Empezamos por la cena: reducimos los hidratos de carbono. No pan, no pasta, no pizza. Aprendemos a cocinar verduras, lo más necesario.

Cuando cambiamos a estos tres primeros pasos, los resultados se notarán ya. Pero no hay que parar alli. Los cambios han de ser paulatinos pero constantes. 

Consulta un nutricionista para acompañarte, no te fíes de las dietas milagro, invierte en tu cuerpo, no solo en tu imagen.