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Somos agua

Somos 80 % de agua. Como el planeta azul que nos alberga. En lo más íntimo de nuestras células y por fuera. Es lo que nos permite vivir, a todos los huéspedes del mundo.

Agua, agua, lo mismo que haces en el planeta, lo haces en mi cuerpo: lo primero, tal como las grandes corrientes en el mar, me regulas la temperatura, cuando hace calor, eres mi primer controlador y te bebo para rebajar el calor interno de mi cuerpo. Pero no te paras a esto, porque cumples muchas funciones en mi cuerpo. Cuéntame, y te querré.

Agua, agua, nos sirves de solvente. Cuando te bebemos en suficiente cantidad, diluimos la sangre. Al diluirla, favorecemos el transporte de los distintos nutrientes, vitaminas, minerales porque la “corriente” fluye mejor. Y también disolvemos mejor la linfa (¿sabes quien es?, este circuito paralelo e igual de importante que tu sistema sanguíneo), permitiendo la eliminación de toxinas y tóxicos.

Agua, agua,  juegas un papel fundamental en la regulación y el transporte de las hormonas. Una hormona es un “mensajero” químico que lanza una glándula a través de la torrente sanguínea. Cuanto más fluida esté la sangre, mejor circula la hormona.

Agua, agua, eres nuestro agente de comunicación intercelular:

una buena relación hídrica favorece el intercambio celular: las células intercambian sustancias. Y somos un montón de células. Cada una trabaja sola y solidariamente. Según la nueva biología celular, se cree que comunican entre ellas, ayudándose en caso de fallos.

Y si me siento rígido y me duelen las articulaciones, los tendones o los nervios, es porque tú, agua, agua, quien me lubricas y me aportas humedad, faltarás….

Agua, agua, me aportas minerales, dependiendo de su origen más o menos importantes. Si eres agua muy buena, me puedes aportar un 50 % de los aportes minerales mayores, tales como magnesio, calcio, potasio.

Si Bebo entre un litro y medio y dos litros todos los días, te mantendré en buena proporción en mi cuerpo. Empezaré preferentemente por la mañana para no terminar a finales de tarde tragándome los dos litros de golpe. Porque hay que entender la lógica de mi cuerpo: mi cuerpo necesita aportes diminutos y constantes de todo. De media hora en media hora.

Y como somos relojes suizos, hay que saber que los mecanismos de sed y eliminación del agua se rigen por unas hormonas. Si nuestras hormonas no están equilibradas, pueden influir negativamente sobre la eliminación o la sensación de sed. Si me parece que no te necesito, puede ser que haya perdido esta señal de la sed. La puedo recuperar, claro, con tu ayuda, agua, agua: bebo todos los días un poquito más y muy pronto mi cuerpo reaccionará y me pedirá más, hasta conseguir su equilibrio.

Agua, agua, ¿puedo compartirte con aromas? Algunos podrían pensar que aromatizarte de distintas maneras son un método válido para beber. Guardemos a la vista que tu eres el único alimento que no aporta calorías, y que cualquier sustancia añadida provoca una respuesta de mi cuerpo, sea para almacenar, para usar o sentirse agredido y empezar un proceso de detoxificación.

Agua, agua, como tú, no hay dos. Haces parte de nosotros y te debemos cuidar tanto como nos cuidas tú. Porque somos agua, porque necesitamos agua.