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Tratamiento anti-cáncer y apoyo nutricional

El tratamiento anti-cáncer asociado al apoyo nutricional

Estudios demuestran que el apoyo nutricional es el segundo factor de éxito de cualquier tratamiento anti-cáncer.

Charles R.Drew, University of Medicine & Science, Los Angeles, USA (Specialised medical nutrition therapy is a crucial component of medical management in the oncology patient).

Ya tienes el diagnóstico, todavía te falta asimilarlo, comunicarlo a tus seres queridos.

Y organizarte, con las sesiones de tratamiento, las idas y vueltas al hospital, y poco a poco con el cansancio y la sensación de ya no poder controlar tu vida.

Mil preguntas tienes en la cabeza y quizás una de ella es “Qué puedo y debo comer?”. La respuesta más común es “vida normal”, lo que siempre has comido.

Pero mi respuesta es no, y aquí encontrarás los motivos.

Un tumor consume energía, y el tratamiento agota, para eso está el apoyo nutricional.

El tumor, para crecer quita energía de las demás células. Los tratamientos, los que sean, agotan porque atacan de manera violenta a las células. A veces, la diana es bastante precisa, pero a veces, arrastra con muchas células sanas. Y esto obliga tu cuerpo a aumentar la producción de nuevas células. Mucho trabajo le damos. Pero no hay otra manera de proceder con el tumor. Si no podemos evitar la pérdida de energía, podemos no obstante paliarla un poco, proporcionando energía extra al cuerpo. ¿Cómo sabemos si lo necesitamos? Hay indicadores físicos: cansancio generalizado, pérdida de peso, falta de aliento, pérdida de tono muscular, etc. Y también hay parámetros científicos en los que se apoyará la valoración nutricional.

Primero, valoración nutricional y evaluacíon de la necesidad energética, acompañando el tratamiento, apoyo nutricional

No todos los cánceres funcionan de la misma manera: un cáncer de pulmón es mucho más goloso que una leucemia, por ejemplo. Las circunstancias también son distintas: un cáncer de cuello y cabeza (nariz, faringe, cerebro) y su tratamiento dificultan la absorpción. Un sarcoma sinovial generará más problemas de movilidad y menos a nivel digestivo, aunque este factor depende en gran medida del tratamiento propuesto.

Segundo, adaptación de la dieta habitual con cambios

Es evidente que la dieta habitual no ha ayudado. Entonces, hay que cambiar la dieta. Se encuentra mucha información al respeto en internet, pero no tenemos que olvidarnos nunca de algo fundamental: somos únicos, cada uno reacciona con las herramientas propias. Y son distintas de una persona a la otra.

Por supuesto, hay grandes líneas ya marcadas y nos ceñiremos a ellas. Pero entre la valoración de la necesidad energética, las circunstancias personales y la propia genética, los matices son infinitos.

El tiempo cambia, la dieta se adapta

Cuando digo el tiempo cambia y la dieta se adapta, pienso en dos cosas: la meteorología, claro, pero también el periodo del tratamiento, en qué momento del tratamiento estamos: ¿Dentro de un ciclo? Tendré que aportar energía. ¿Entre dos ciclos? Aquí habrá que ayudar el cuerpo a limpiarse.

La meteorología no es tampoco ninguna tontería: una ensalada en pleno invierno puede parecer un alimento muy sano, pero nos enfría. Quien dice enfríar, dirá calentar: el cuerpo necesita mantener siempre la misma temperatura para poder funcionar. Y calentar requiere energía. La que es escasa justamente. En pleno verano, un cocido, ¡qué delicia! Pero según el mismo principio de mantenimiento de temperatura, el cuerpo pedirá energía para enfríarse. La misma que no se encuentra en abundancia.

La dieta y la suplementación

Cambiar la dieta es ya en sí una forma de suplementarnos. Aportaremos nutrientes nuevos y en mayor cantidad al cuerpo. En algunas circunstancias, más que suplementarse, hay que apoyarse en condimentos o especies para paliar un efecto negativo del tratamiento. En el artículo que dedico a este tema, podrás ver que hay que andar con prudencia. De nuevo, hay mucha información en internet. Pero no es de extrañar que la mayoría de los oncólogos desaconsejan a sus pacientes que se suplementen. Un simple tomillo, parece increíble, tiene mucha fuerza y puede luchar contra un tratamiento químio, disminuyendo su eficacia. El pomelo aumentará la toxicidad de ciertos medicamentos, perjudicando la función hepática. Así que eso también hay que controlarlo.

De la misma manera que consultas al oncólogo, consulta un nutricionista

La consulta al oncólogo tratará del tumor, la consulta al nutricionista tratará de tu alimentación. No hay competición, sino sinergia. Comentar al oncólogo que trabajas igualmente con un nutricionista es fundamental, para que sepa que estás tomando cartas en el asunto. Igualmente, no esperes: cuando uno sale a la guerra, no espera a ver qué arma se lleva el enemigo, pone en marcha toda su artillería y demás armas para estar seguro de vencer. Así debe ser tu actitud justo después del diagnóstico. Manos a la obra, en todos los frentes. La actitud proactiva también es un factor de éxito, no hay dudas. El que empieza mirando todas las posibilidades está acertando. Quiere vivir, y va a por ello.

Porque este punto que dejo abierto para otro post es posiblemente el más importante: nadie vive tan bien en tu cuerpo como tú. No eres un muñequito a quien se le da biberones. Tú asumes un tratamiento y tú, solo tú, decides como quieres vivir.

Ánimo, el camino es duro, pero la recompensa es enorme, te lo digo por experiencia!

«Una locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo». Einstein

Si quieres indagar más: escanea con el teléfono este código y accederás al artículo. O pincha en este enlace: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112012000200047