Tú y tus bacterias. La clave para el equilibrio intestinal

Si sufres, no será por culpa tuya sino por tus bacterias. Hablemos de Disbiosis intestinal o cuándo se ha roto el equilibrio de tus bacterias intestinales.

Seguro que ya sabes que eres un montón de células más un montón de bacterias.

O, mejor dicho, un montonazo de bacterias más un montoncito de células. Tus bacterias juegan un papel fundamental en el equilibrio intestinal, y, partiendo de allí, en el tuyo.

No son tuyas, sino que tú eres suyo. Y cuando se les da por rebelarse, prepárate, porque vas a sufrir.

Te presento a tu microbiota intestinal, el gallinero que reina sobre todos tus provincias, tus órganos.

 

¿Qué es la microbiota intestinal?

La microbiota intestinal es un conjunto de muchas cepas de bacterias que viven en nuestro tubo digestivo y en nuestras mucosas.

Cada cepa tiene un trabajo y un “hogar” concretos.

Su trabajo es participar en la síntesis de nuestros alimentos.

Permiten la producción de los elementos que nos caracterizan.

 

Cuando todo va bien: una piel bonita, un humor para comerse el mundo, un peso equilibrado, energía para levantarnos y también para dormir y muchas otras funciones.

Son indispensables, si no las tenemos, nos morimos….

 

¿Su hogar?: a lo largo de nuestro tubo digestivo, pero no de cualquier manera. Su hogar está ligado a su función. No las podemos desplazar, sino enfermamos.

Nosotros y nuestras bacterias: une interdependencia peor que el chocolate

Si ellas nos marcan la vida, nosotros le marcamos la suya.

Lo que comemos predispone al sobrecrecimiento de una u otra cepa. Somos dependientes de ellas, sobre todo cuando hay un desequilibrio.

¿No resistes al chocolate? Hay bacterias que te mandan a comerlo. No te creas que es por el magnesio.

Primero, el chocolate tiene muy poco, y segundo, lo que tus bacterias te piden es azúcar.

Cuando fallan, te deprimes

Cuando se rompe este equilibrio, la producción de serotonina se altera.

La serotonina es un neurotransmisor que te permite levantarte por la mañana, ser entusiasta y decidido en tu vida.

¿Tienes la batería vacía? Hay una cepa de bacterias que sufre acoso y no puede expresarse..

¡Ay, el sobrepeso! ¡Uy la obesidad!

¿Así que crees que no tienen nada que ver tus bacterias con tus kilitos de más?

Tanto el sobrepeso como su forma exagerada, la obesidad, se acompañan con desequilibrio de bacterias intestinales.

Querer perder peso sin tenerlas en cuenta es como querer llegar a Marte sin cohete: o sea, ¡ilusorio!

Jeje, yo no tengo sobrepeso, ¡todo lo contrario!

El sobrepeso y su gran hermano solo son marcadores, indicadores de un desequilibrio.

No sufrirlo no significa estar exento del problema del gallinero interno.

Muchas personas delgadas abusan de azúcares y grasas por miedo a adelgazar más y abren la puerta a las bacterias más peleonas, generando problemas de sueño, de ansiedad, de nerviosismo.

Sí, sí, el sistema nervioso también está influenciado por nuestras queridas bacterias.

Las bacterias y la luna

Es bien conocido que las mujeres sufren más desarreglos hormonales que los hombres. ¿Quién lo ha dicho?

Vale, ellos no están sometidos a los ciclos de la luna, de acuerdo. Pero las hormonas no solo son sexuales y los hombres con pelo en el pecho también tienen hormonas. Son muy, pero muy sensibles a los mandos bacterianos (digo, las hormonas). Así que nadie se salva aquí.

En fin, un sinfín de problemas externos que nos debe invitarnos a mirar “p’a dentro”.

Veamos cuales son los índices que pueden darte pistas sobre si sufres Disbiosis intestinal:

Obviamente, si tienes sobrepeso y/o obesidad, ya no leas más, lo tienes sí o sí.

¿Qué sucede en los intestinos?

  • Tránsito intestinal irregular, estreñimiento, diarreas…
  • Gases olorosos o abundantes sin olor.
  • Hinchazón abdominal con o sin dolor.
  • Digestión lenta y/o difícil.
  • Problemas de digestión con hojas verdes (lechuga, acelgas), ajo, cebolla, puerro, repollo…
  • O con fibras, con alcohol, cerveza, grasas…
  • Inflamación crónica.
  • Candidiasis.

¿Qué relaciones tiene con otros órganos?:

  • Erupciones cutáneas.
  • Mucosidad nasal acuosa.
  • Helicobacter pylori repetitivo.
  • Alergias.
  • Infecciones uro-genitales.
  • Estrés psico-emocional y depresión.
  • Estado emocional irritable a media mañana y media tarde que mejora con algo dulce.
  • Fatiga.
  • Necesidad de tomar anti-ácidos, bicarbonato.

Y a tal problema, tal tratamiento. No hay uno único, como no hay dos personas iguales.

¿Cómo tratar exitosamente el problema?

Con un plan de acción:

  • 1. Identificar el problema mayor (piel, hormonas, azúcar/sobrepeso, etc.)
  • 2. No es porque soy nutricionista que lo digo – aunque me gustaría aconsejarte – sino porque el diagnóstico exacto es imprescindible para tratar el problema. No hay otra. Y hace falta mano (y cabeza) profesional para poner orden con método.
  • 3. La consulta es el primer paso.

¿Cómo lo solucionaría yo, si fuese tú?

– Me llamas y quedamos con una cita.

Mientras tanto, recibes un cuestionario que nos permite identificar ya algunos desequilibrios.

Me cuentas tus problemas de salud, de sueño si los tienes, tus hábitos de vida

– Me cuentas cómo comes, cuándo, cuánto y qué.

Con tantas preguntas y respuestas, ¡ya lo tenemos!

– Ahora, yo te guío con la comida y el ejercicio, te sigo cada semana para ver tus progresos y adaptar tu dieta si es necesario.

Repetimos el cuestionario y verás tus progresos

¿Ya estás?

Te queda un paso: ayudar a los demás a darse cuenta de lo importante que es comer equilibrado, sano, y patatín y patatán. Porque no te lo vas a creer, pero el 80% de tus conocidos sufren el mismo problema pero no lo confiesan ni en misa.