intestino con bacterias y virus

¿Un virus en mi plato?

Un virus en mi plato.

Con este título tan llamativo queremos hablarte de unos «bichito»s que aparentemente nada tienen que ver con la alimentación: los virus. Los virus existían ya cuando nosotros todavía ni conocíamos los pañales. Son mucho más listos, más rápidos y más evolutivos que nosotros. Y menos mal!
Les debemos mucho a los virus, hemos podido evolucionar en gran parte gracias a ellos. Son más bien amigables, aunque a algunos se les tuerce un poco el programa.
Por ejemplo, él que tanto nos ocupa últimamente. El coronavirus.

A pesar de que los calificamos de «bichos«, recordemos que los virus no son seres vivos, son un sobre con material genético. ¿Qué significa para nosotros? Si no encuentra candidato huésped, no puede reproducirse (se habla de replicarse, más que reproducirse, ya que no es un ser vivo). Es clave la proximidad y el contacto para que pueda entrar en nuestros sistemas y seguir con su replicación. Esto significa que en los botones de ascensor o en cualquier sitio, puede que se encuentre, pero habrá perdido su carga viral. Y si es sujeto de debates, hay un tema que no lo es:

Nuestra manera de recibir un virus 

Disponemos de un auténtico ejercito para controlar las entradas en nuestro cuerpo. Y el 80% de nuestra armada se encuentra en el intestino. Curiosamente, es en nuestro intestino que produciremos otro elemento que debilitará nuestro sistema inmune: el miedo. No es tan curioso: diez billones de bacterias ocupan nuestro cuerpo. Son comensales, colaborativas y nos proporcionan elementos para la fabricación de nuestras hormonas y neurotransmisores. Ahora bien, para que estas bacterias funcionen adecuadamente, necesitan estar en equilibrio entre ellas. Como predomine una cepa (hay más de 500 cepas distintas), se fastidia el programa.

Disbiosis intestinal y virus

Hoy en día, la gran mayoría de las personas sufren disbiosis, es decir desequilibrio de estas bacterias. Su motivo: el abuso de hidratos de carbono, de aditivos y conservantes que matan a ciertas cepas.

A eso, se junta, tanto como co-factor como consecuencia, un cierto grado de resistencia insulínica. Y cuando la insulina se desequilibra, genera inflamación. Moviliza el sistema inmune, lo estresa y le impide ocuparse de su auténtico trabajo: defendernos de lo «extraño», como un virus.

Para evitar el virus en mi plato, un único remedio: cuidar de mi alimentación.

¿Cómo equilibrar y fortalecer nuestro sistema inmune?

En mayúsculas, los elementos claves que tenemos que cuidar.

PROCESOS INFLAMATORIOS. Ya que estamos en el plato, vamos a mirarlo detenidamente. Cada vez que abrimos la boca para comer algo, provocamos miles de operaciones bioquímicas. Buenas y malas.

El truco radica, ya os lo imagináis, en provocar miles de buenas operaciones y pocas malas. Allí es donde podemos actuar. Porque existen alimentos pro-inflamatorios y alimentos anti-inflamatorios. Los PRO-INFLAMATORIOS serán los “malos” de la peli. Y los ANTI-INFLAMATORIOS, los buenos.

Globalmente, cuando comemos azucares rápidos, aumentamos las operaciones malas. La carne roja en exceso, los aditivos, no reconocidos por nuestro capital genético milenario, las grasas saturadas de mala calidad y excesivas, participan como las “canallas” ya mencionadas. ¿Y las buenas? Ya va, más abajo.
Concretando:

Menú diario, PRO-INFLAMATORIO:

Desayuno: bollería/magdalenas/cereales industriales/lácteos industriales/pan blanco con dulce.
Media mañana: algún dulce tipo barritas, galletas, chocolate industrial.
Mediodía: de primero, macarrones blancos con salsa de tomate en brick, de segundo, filetes empanados con patatas fritas.
Media tarde: repetimos lo de las galletas. No gusta la fruta.
Cena: pizza, lasaña, sandwich, y como me quedo con angustia, un yogur de frutas o de aromas. O natillas, o crema de chocolate.
Todo es azúcar, todo es PRO-INFLAMATORIO. Garantía de tener el virus en mi plato y en mi cuerpo.

Menu diario Anti-INFLAMATORIO:

Desayuno: cereales o pan integral, huevos, crema de aguacate, queso fresco de cabra.
Media mañana: una manzana al día, se queda el doctor fuera!
Mediodía: una ensalada de rallados con semillas y pipas de calabaza de primero. Rociado con un chorrito controlado de aceite de oliva virgen extra (bio, mejor), y un chorrito no menos bio de limón. Añadimos levadura de cerveza? Venga, vale.
De segundo, elegimos entre las múltiples verduras que nos ofrece el paisaje, con algo de pescado o de carne, o de cereales.

Hay miles de maneras de consumir verduras y tienen que ocupar el 60 por ciento de nuestro plato.
¿Por qué?Las verduras nos van a aportar minerales, nos van a aportar OXÍGENO, sobre todo, las verdes. Y también anti-oxidantes. Ya hablaremos de ellos en otro post. (¡Esto es para que me sigáis más!)

¿Qué más necesitamos?

Más ZINC, en frutos secos, en verduras, en mariscos y moluscos. Este ZINC ayuda nuestro ADN a producir nuestro sistema defensivo. Y el zinc entra en nuestras células con una especie de antioxidantes…

Más MAGNESIO, pues todos los movimientos nuestros, desde pensar y respirar hasta hacer el pino requieren magnesio. Sin él, no existe vida. De hecho, su uso es un invento de las bacterias y somos un montón de bacterias. ¿Donde se encuentra el magnesio? Adivina: en las verduras.

Más VITAMINA B6: esencial en la fabricación de anticuerpos, pero por desgracia, especie en vía de extincción. Salvo… ¿Dónde? Si, en las verduras.

Más VITAMINA C:es un anti-oxidante. O sea, lo dejamos para la semana que viene. Pero tómatelo ya. En forma de perejil, apio, todo lo verde lleva vitamina C. Y claro, también los cítricos.

Más GLUTAMATO: este es un aminoácido que se almacena en los músculos. En otro post también hablaremos de él. Es un carburante esencial para disponer de energía. Pero, ¿Cómo se consigue? No con las pastillas de Avecrem (aparece en la lista de ingredientes), sino con el ejercicio… Y hablando de ejercicio, va con el oxígeno.

OXÍGENO. Tenemos dos formas de conseguirlo: respirando profundamente muy a menudo, preferentemente aire limpio. Y comiendo alimentos verdes, que nos permiten aprovechar mejor este oxígeno.

Para empezar:

Bebe agua, el agua es el elemento que permite todas las operaciones.
Abandona de una vez los dulces,
puro veneno y reeduca tu paladar con frutas.
Si comes verduras, ya no comerás tantas harinas, ni tanta carne.
Con esto, ya ofrecerás la mejor mascarilla a tu cuerpo con múltiples ventajas, no solo contra el coronavirus sino para tener calidad de vida.
Que te deseo sea larga y sana.