Nutrición, suplementación, vitaminas en el cáncer.

Vitaminas en el cancer
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Nutrirse y suplementarse son dos conceptos distintos pero las fronteras entre ellos no son muy definidas.

La persona que tiene una alimentación sana, constituida de muchos vegetales, de carnes y pescados de buena calidad, pocos granos, integrales y de calidad ecológica y grasas de buena procedencia no tiene por que tener déficits o carencias.

Una persona que cursa con cáncer puede necesitar algún aporte suplementario de vitaminas, minerales, ácidos grasos u oligoelementos. Pero no todo es válido.

Tenemos que ceñirnos al lema hipocrático: primero, no hacer daño.

En esta píldora, iremos por partes: empezando por las plantas.

De entrada, hay que saber que las plantas son poderosas: pueden potenciar o inhibir el efecto de un tratamiento. Por ejemplo, la llamada Uña de gato potencia las defensas actuando sobre un tipo de linfocitos. Su uso será condicionado por el objetivo terapéutico del tratamiento que sigue la persona.

El pomelo, considerado alimento, constituye otra amenaza, como el hipérico o la menta en algunos casos. Las plantas en bolsas pueden estar infectadas por hongos, las personas con defensas bajas son un diana de primera clase para los hongos. Auto tratarse con plantas no es inocente y se recomienda la colaboración con el oncólogo.

 

¿Vitaminas en un proceso de cancer?

Se sabe que hay una carencia en vitaminas B entre la población. Las vitaminas B pertenecen al grupo dicho hidrosolubles, con lo que hay poco riesgo de sobredosificación. El cuerpo tiene herramientas para eliminar el exceso. Pero de nuevo, daña tanto el exceso como la insuficiencia. No se suele medir estas vitaminas en las analíticas corrientes, con lo que es difícil determinar si hay o no déficit o carencia.

Las carencias en estas vitaminas aparecen con los tratamientos, sobre todo si la alimentación no cubre las necesidades. En cuanto a la vitamina C, su uso intensivo está bajo control médico. Aún no se sabe si realmente es útil o no con un proceso canceroso.

Recomiendo mucha prudencia también con las vitaminas Adek. Son liposolubles, se almacenan en nuestro organismo. Estudios demuestran la actividad beneficiosa de la vitamina D en muchos procesos pero es importante no pasarse de rosca. Nuestro cuerpo es una máquina muy fina, cada microgramo se aprovecha o daña.

Los oligoelementos: hablamos de hierro, zinc, manganeso, cobre, iodo etc… se encuentran en muchos suplementos pero hay que saber que pueden aumentar o inhibir el efecto de una quimio. De nuevo, tomarlo en serio y consultar con un profesional y con el oncólogo. Los suplementos han de ser de buena calidad, producidas por laboratorios reconocidos con sello de garantía.

 

¿Mi recomendación?

Antes de empezar a llenar el armario con pastillas de todo tipo, lo mejor que puede hacer uno es valorar su alimentación, con la ayuda de un profesional. Corregir la alimentación es en sí una suplementación pues aportará al cuerpo lo que le falta. A partir de allí, se considerará si hay que suplementar o no.

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